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¿Qué hay detrás de un berrinche? Lo que todo padre necesita comprender antes de corregir

  • Foto del escritor: Andrea Gelvez
    Andrea Gelvez
  • 4 ago
  • 4 min de lectura

Niño en berrinche

¿Qué hay detrás de un berrinche?


Los berrinches suelen ser uno de los mayores desafíos para las familias. Aparecen en el supermercado, antes de dormir, cuando es momento de apagar la televisión o simplemente cuando un adulto dice "no".

Muchas veces se interpretan como un intento de manipular, desafiar o llamar la atención. Sin embargo, la realidad es muy diferente.


Comprender qué hay detrás de un berrinche puede cambiar por completo la forma en que acompañas a tu hijo y ayudarte a construir una relación basada en la confianza y el respeto.


¿Sientes que cada vez que intentas poner un límite termina en un berrinche?

Quizá has pensado alguna vez:


  • "Mi hijo hace berrinches por cualquier cosa."

  • "No sé qué hacer cuando empieza a gritar."

  • "Parece que todo termina en una pelea."

  • "He intentado ser firme, hablar, castigar... y nada funciona."


Si te identificas con alguna de estas situaciones, no estás solo. Muchos padres viven esta realidad todos los días.


La buena noticia es que los berrinches no aparecen porque los niños sean "malcriados". Son una forma de comunicar algo que todavía no saben expresar con palabras.


¿Qué ocurre realmente durante un berrinche?

Un berrinche es una respuesta emocional intensa.


Cuando un niño se siente frustrado, cansado, asustado, sobreestimulado o incapaz de conseguir lo que necesita, su cerebro emocional toma el control.


En esos momentos, las áreas del cerebro responsables del autocontrol, la planificación y la toma de decisiones aún no logran regular esa intensidad emocional.


Por eso es común que el niño:


  • Llore desconsoladamente.

  • Grite.

  • Se tire al suelo.

  • Golpee objetos.

  • Empuje.

  • Corra.

  • Diga cosas que realmente no siente.


No lo hace para desafiar a sus padres.


Lo hace porque todavía está aprendiendo a gestionar emociones que le resultan demasiado grandes.


Desde la psicología infantil sabemos que la regulación emocional es una habilidad que se desarrolla con el tiempo y necesita acompañamiento, no únicamente corrección.


Lo que suele hacerse (y por qué normalmente no funciona)


Cuando aparece un berrinche, muchos adultos reaccionan de forma automática porque también están desbordados.


Es frecuente escuchar frases como:


  • "¡Deja de llorar!"

  • "Cuando te calmes hablamos."

  • "Si sigues así nos vamos."

  • "Te voy a castigar."

  • "Ya eres muy grande para hacer esto."


Aunque estas respuestas nacen del deseo de enseñar, rara vez ayudan a que el niño aprenda a regular sus emociones.


¿Por qué?


Porque durante un berrinche el cerebro no está preparado para recibir sermones, amenazas o largas explicaciones.


En ese momento necesita recuperar la calma antes de poder comprender, reflexionar y aprender.


Esto no significa permitir cualquier comportamiento. Significa elegir el momento adecuado para enseñar.


Corregir en medio de una tormenta emocional suele aumentar la intensidad del conflicto.


Lo que propone el Método CALMA


En el Método CALMA entendemos que detrás de cada comportamiento existe una necesidad, una emoción o una habilidad que aún está en desarrollo.


Por eso, antes de corregir, buscamos comprender.


Nuestro enfoque propone cinco pasos fundamentales:


Comprender lo que el comportamiento intenta comunicar.

Acompañar la emoción sin ignorar los límites.

Leer las necesidades que hay detrás de la conducta.

Modelar estrategias de regulación emocional.

Actuar con límites claros, respetuosos y coherentes.


Cuando un niño se siente comprendido, su cerebro está mucho más disponible para aprender nuevas formas de responder.


Educar desde la conexión no significa renunciar a los límites.


Significa que los límites se convierten en una oportunidad para enseñar habilidades que le servirán toda la vida.


Tres acciones para empezar hoy


1. Observa qué ocurrió antes del berrinche

Pregúntate:


  • ¿Tenía hambre?

  • ¿Estaba cansado?

  • ¿Había demasiados estímulos?

  • ¿Se sintió frustrado?

  • ¿Le costó cambiar de actividad?


Muchas veces la causa está antes del comportamiento.


2. Nombra la emoción

Puedes decir frases como:


  • "Veo que estás muy enfadado."

  • "Esto te frustró mucho."

  • "Entiendo que querías seguir jugando."


Nombrar las emociones ayuda al niño a comprender lo que está sintiendo y favorece el desarrollo de su regulación emocional.


3. Mantén el límite con calma

Validar una emoción no significa cambiar la norma.


Puedes decir:


"Entiendo que estés enfadado porque quieres seguir jugando. Aun así, es momento de guardar los juguetes. Estoy aquí para ayudarte."


De esta manera, el niño recibe dos aprendizajes al mismo tiempo:


  • Sus emociones son aceptadas.

  • Los límites siguen siendo claros.


Un recurso que puede ayudarte


Si este tema te preocupa y quieres comprender mejor el comportamiento de tu hijo, puedes empezar con alguno de estos recursos:


  • Guía gratuita: ¿Qué hay detrás del comportamiento de tu hijo?, donde aprenderás a identificar las necesidades que suelen esconderse detrás de las conductas que más preocupan a las familias.

  • Taller: Cómo poner límites sin gritar, con estrategias prácticas para establecer normas claras sin recurrir a los gritos, los castigos o las amenazas.


Estos recursos complementan lo aprendido en este artículo y te ayudarán a llevar estas herramientas a la vida cotidiana.


En resumen: Los berrinches no son una señal de que estés fracasando como padre ni de que tu hijo quiera desafiarte.


Son una oportunidad para enseñar habilidades emocionales que todavía está construyendo.


Cada vez que eliges comprender antes de reaccionar, estás fortaleciendo la seguridad, la confianza y el vínculo con tu hijo.


No se trata de eliminar todos los berrinches.


Se trata de acompañarlos de una manera que favorezca el aprendizaje y el desarrollo emocional.


Porque los niños no necesitan adultos perfectos.


Necesitan adultos que comprendan lo que su comportamiento intenta comunicar.


Comprender antes que corregir no significa dejar de educar. Significa enseñar desde el conocimiento, el respeto y la conexión.

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