¿Cómo regular tus propias emociones? El primer paso para acompañar las de tu hijo
- Andrea Gelvez

- 6 ago
- 5 min de lectura

¿Cómo regular tus propias emociones?
Muchos padres llegan a consulta con una misma preocupación:
"Sé que no quiero gritar, pero cuando mi hijo no me hace caso, pierdo el control."
Si alguna vez has reaccionado de una manera que luego lamentaste, quiero que sepas algo importante:
no significa que seas un mal padre o una mala madre. Significa que eres un ser humano.
La crianza pone a prueba nuestras emociones todos los días. Los berrinches, las discusiones, el cansancio, la falta de tiempo y las preocupaciones hacen que, en ocasiones, respondamos desde el impulso en lugar de hacerlo desde la calma.
La buena noticia es que la regulación emocional también se aprende. Y cuando tú aprendes a regularte, le enseñas a tu hijo una de las habilidades más valiosas para su vida.
¿Sientes que terminas gritando aunque prometiste que esta vez sería diferente?
Quizá te ha pasado alguna de estas situaciones:
Comienzas hablando con calma, pero después de repetir varias veces el mismo límite, terminas levantando la voz.
Cuando tu hijo tiene un berrinche, tú también sientes que estás a punto de explotar.
Después de una discusión, aparece la culpa y piensas: "No era así como quería responder."
Te esfuerzas por mantener la paciencia, pero el cansancio parece ganar la batalla.
Si te identificas con esto, no estás solo. Regular nuestras emociones es uno de los mayores desafíos de la crianza, especialmente cuando nunca nos enseñaron cómo hacerlo.
¿Por qué es tan difícil mantener la calma?
Desde la psicología infantil sabemos que las emociones son contagiosas.
Cuando un niño está desbordado, el adulto también puede activarse emocionalmente. Si además hay estrés, falta de descanso o preocupaciones acumuladas, el cerebro entra en un estado de alerta que dificulta pensar con claridad.
En esos momentos, reaccionamos más rápido de lo que reflexionamos.
Por eso es frecuente decir cosas que después lamentamos o actuar de una manera que no refleja los valores con los que queremos educar.
La regulación emocional no consiste en dejar de sentir enojo, frustración o cansancio.
Consiste en aprender a reconocer esas emociones para que no sean ellas quienes tomen el control de nuestras decisiones.
Los niños aprenden observando. Cuando ven a un adulto gestionar sus emociones con respeto, descubren que también ellos pueden hacerlo.
Lo que suele hacerse (y por qué no funciona)
Cuando un adulto está desbordado emocionalmente, suele recurrir a respuestas automáticas.
Algunas de las más frecuentes son:
Intentar controlar la emoción a toda costa
Frases como:
"No puedo enojarme."
"Tengo que aguantar."
Reprimir una emoción no hace que desaparezca. Generalmente hace que termine saliendo con más intensidad.
Explotar y luego sentir culpa
Después de gritar, muchos padres se sienten mal, piden perdón y prometen que no volverá a pasar.
Sin embargo, si no aprenden nuevas herramientas para regularse, el ciclo suele repetirse.
Pensar que el problema es únicamente el comportamiento del niño
Es fácil creer que la solución es que el niño cambie.
Pero la realidad es que la regulación emocional comienza por el adulto.
No podemos enseñar calma desde el descontrol.
Reconocer esto no significa culparse. Significa asumir que también estamos aprendiendo.
Lo que propone el Método CALMA
El Método CALMA parte de una idea fundamental que ayuda a responder la pregunta.
Antes de acompañar las emociones de un niño, necesitamos aprender a reconocer las nuestras.
Cuando el adulto logra regularse, transmite seguridad, confianza y estabilidad.
Los cinco pasos del Método CALMA también pueden aplicarse a los padres:
Comprender
Pregúntate:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué activó esta emoción?
¿Qué necesito en este momento?
Acompañar
Permítete sentir sin juzgarte.
No necesitas ser un padre perfecto. Necesitas darte permiso para reconocer tusemociones.
Leer
Observa qué hay detrás de tu reacción.
A veces el enojo es solo la parte visible. Debajo puede haber cansancio, miedo, frustración o sensación de no estar siendo suficiente.
Modelar
Tus hijos aprenden más de cómo gestionas tus emociones que de todo lo que les explicas sobre ellas.
Cuando dices:
"Estoy muy frustrado. Voy a respirar antes de responder."
Estás enseñando autorregulación.
Actuar
Cuando recuperas la calma, puedes poner límites con firmeza, empatía y claridad.
No reaccionas desde el impulso. Respondes desde la intención.
Tres acciones para empezar hoy
1. Identifica tus señales de alerta
Antes de perder el control, el cuerpo suele avisarte.
Quizá notes:
Tensión en la mandíbula.
Respiración acelerada.
Deseo de gritar.
Aumento del ritmo cardíaco.
Reconocer estas señales es el primer paso para intervenir antes de reaccionar impulsivamente.
2. Haz una pausa antes de responder
No necesitas responder inmediatamente.
Respira profundamente unas cuantas veces, baja el volumen de tu voz y recuerda cuál es el objetivo: enseñar, no ganar una discusión.
Una pausa de pocos segundos puede cambiar por completo la manera en que respondes.
3. Repara cuando sea necesario
Todos los padres cometen errores.
Si un día gritaste, puedes volver cuando ambos estén tranquilos y decir:
"Lo que pasó hace un rato no fue la mejor manera de hablarte. Estoy aprendiendo a manejar mi enojo y quiero hacerlo mejor la próxima vez."
Reparar no debilita tu autoridad.
Le enseña a tu hijo que equivocarse forma parte del aprendizaje y que siempre es posible reconstruir el vínculo.
Un recurso que puede ayudarte
Si quieres comprender mejor tanto las emociones de tu hijo como las tuyas durante los momentos difíciles, te recomiendo estos recursos:
Guía gratuita: ¿Qué hay detrás del comportamiento de tu hijo?, donde donde descubrirás cómo interpretar las conductas infantiles y responder desde la comprensión en lugar de la reacción.
Taller: Cómo poner límites sin gritar, en el que aprenderás estrategias prácticas para mantener la calma, establecer normas claras y fortalecer la relación con tu hijo sin recurrir a los gritos ni a los castigos.
Estos recursos están diseñados para ayudarte a aplicar el Método CALMA en los desafíos cotidianos de la crianza.
En resumen...
La regulación emocional no significa no sentir enojo, frustración o cansancio.
Significa aprender a responder sin dejar que esas emociones decidan por ti.
Cada vez que eliges hacer una pausa antes de reaccionar, estás enseñando a tu hijo una habilidad que probablemente recordará durante toda su vida.
La crianza no necesita padres perfectos.
Necesita adultos dispuestos a crecer junto a sus hijos, reconocer sus errores y convertir cada desafío en una oportunidad para aprender.
Porque la calma también se educa.
Y comienza en nosotros.
Comprender antes que corregir no significa dejar de educar. Significa enseñar desde el conocimiento, el respeto y la conexión.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Por qué pierdo la paciencia tan rápido con mi hijo?
La crianza puede activar emociones intensas, especialmente cuando hay cansancio, estrés o preocupaciones acumuladas. No significa que seas un mal padre o una mala madre; significa que tu sistema emocional también necesita apoyo y herramientas para regularse.
¿Regular mis emociones hará que mi hijo deje de hacer berrinches?
No necesariamente. Los berrinches forman parte del desarrollo infantil. Sin embargo, cuando el adulto responde con calma y coherencia, ayuda a que el niño recupere la regulación emocional más rápidamente y aprenda estrategias saludables para gestionar sus propias emociones.
¿Qué hago si ya le grité a mi hijo?
Lo más importante es reparar el vínculo. Cuando ambos estén tranquilos, reconoce lo ocurrido, pide disculpas si es necesario y explica que tú también estás aprendiendo a manejar tus emociones. Este acto fortalece la confianza y enseña que todos podemos equivocarnos y mejorar.
Un abrazo enorme.




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